Al principio flipaba: "Con
dos cojones, Pablito... Si tú de cerca ganas mucho, lo que pasa es que nunca se te habían acercado...". Pero enseguida te das cuenta de que la cosa no es tan bonita:

De entrada, tus amigos de siempre se convierten en "amigos-pívot". Sí, sí, "amigos-pívot": están esperando un fallo tuyo para coger el rebote... y encestar ellos.

También te das cuenta de que no puedes salir a la calle con ella.
Porque pasas por una obra, y es como si hubieran apretado un botón:
- ¡Qué pasa, Blancanieves! ¿Dónde has dejado al resto de los enanitos que sólo vas con uno? ¡Mucho conejo pa tan poca
zanahoria!
Y aquí ya no aguantas más, se te sube la sangre a la cabeza, se te hincha la vena y... te pones a llorar.
Claro, ¿qué vas a hacer? ¿Encararte con quince tíos que están
hartos de tirar tabiques? Porque tampoco puedes razonar con ellos:
hagan el favor, que esta mujer tiene pareja y a lo mejor anda por
aquí cerca...

Es que no puedo ni ir a la playa con ella. Porque cuando vamos paseando por la orilla, agarrados de la cintura... ¡parezco su
flotador de patito!

Pero lo peor es cuando salimos de marcha. Es agotador, porque se tira toda la noche bailando y claro, tú con ella. No vas a dejarla allí sola, porque están todos los tíos alrededor: "Grruaaaa,
gruuuuua...". Así que sigues bailando. Y, de pronto, empiezan a
entrarte unas ganas terribles de mear. Y piensas:
"¿A esta tía no se le acaban nunca las pilas?". Pero nada, es como el conejito de Duracell: dura y dura y dura... Y te tienes que aguantar, porque miras al resto de los tíos y... dura y dura y
dura... Porque cuando mi novia entra en una discoteca, es como
cuando el Rey entra en el Congreso: todos los miembros se ponen
firmes.

Por todo esto yo me pregunto: ¿me compensa realmente salir con
esta chica? Y ustedes dirán:
"Hombre... está... el sexo...". Pues tampoco. Sepan ustedes que
salir con una tía buena arruina tu vida sexual. Porque yo, antes
de conocerla, aguantaba los diez minutos de rigor en la postura
del misionero. Pero ahora, en cuanto ella se quita el sujetador,
ni misionero ni leches, a mí sólo me da tiempo a decir "amén".

Y por todo esto estaba a punto de dejarlo Pero, pensándolo bien,
es tan inteligente, tan cariñosa, tan divertida... Vale, está
muybuena...
Pero oye, un defecto lo tiene cualquiera.