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La Coctelera

El capitán Lozano: el abuelo de Zapatero que reprimió la revolución socialista de 1934

 

 

Juan Rodríguez Lozano fue un militar y republicano convencido que, antes de ser ejecutado por los franquistas en 1936, ayudó a sofocar la revuelta de mineros organizada por el PSOE y la UGT

ABC 

Retrato del general Juan Rodríguez Lozano, en la década de los 30

El 23 de agosto de 1936, diarios como «ABC», «El Sol» o «La Libertad» contaban en una pequeña reseña los primeros momentos del levantamiento militar franquista en la provincia de León, encabezado por el coronel Lafuente. En el último párrafo se apuntaba: «El capitán D. Juan Rodríguez Lozano, que fue procesado con ocasión del movimiento de Octubre (de 1934), tampoco quiso secundar la subversión y fue asimismo hecho prisionero; pero se desconoce la suerte que haya corrido». Este capitán republicano, que había sido fusilado cinco días antes en Puente Castro (León), era el abuelo paterno de Zapatero y la figura que, dicen, más ha influido y moldeado su personalidad política... aun no habiéndole conocido jamás.

ZP quedó muy marcado cuando su padre le leyó el testamento de su abuelo

Muchas veces han sido las que el presidente del Gobierno se le ha llenado la voz de pasión y orgullo al hablar de su abuelo, el capitán Lozano, ya sea en los mítines o incluyendo reseñas de su figura en su propia biografía. Y es que Zapatero quedó profundamente marcado cuando su padre sacó el testamento que había escrito éste poco antes de ser ejecutado por los fascistas, y se lo leyó a él y a su hermano: «Muero y perdono. Mi credo fue siempre un ansia infinita de paz, el amor al bien y mejoramiento social de los humildes», decía el documento.

Un «hombre bueno» que perdió la vida «por el compromiso con unas ideas» o el capitán que «murió defendiendo los valores de la democracia en la Guerra Civil española», le ha descrito en alguna ocasión públicamente. Lo curioso es que pocas veces el presidente del Gobierno ha mencionado que su abuelo, el capitán Lozano, ya había estado a punto de morir dos años antes defendiendo la Democracia de un gobierno de derechas, al participar en la dura represión dirigida por Franco de los mineros asturianos que protagonizaron la Revolución de octubre de 1934. Una revuelta organizada, dicho sea de paso, por el PSOE y UGT, y en la que murieron más de 1.000 personas a manos del Ejército.

Lozano, «el socialista»

Juan Rodríguez Lozano nació en 1893 en Alange (Badajoz) y era hijo de un teniente de infantería, Sebastián Rodríguez, que murió en la Guerra de Cuba cuando él era un niño. El Ejército parecía su destino, y ya en 1911, cuando tenía 18 años, podemos encontrar su nombre publicado en ABC, entre los que habían aprobado el primer examen para entrar en la Academia Militar de Infantería de Toledo. Y en 1913, en «El Heraldo Militar», entre los que habían accedido finalmente tras aprobar el quinto examen.

El capitán Lozano se ofreció como colaborador a el diario «El Socialista»

Seis años después se marchó a África, a combatir junto al general Sanjurjo -que luego tendría un papel protagonista en la sublevación de Franco-, consiguiendo la Cruz del Mérito Militar y regresando más tarde a la Península, primero a Lérida y, después, a León.

Por aquella época, Juan Rodríguez Lozano ya era, como lo será Zapatero décadas después, un socialista convencido y orgulloso que llegó incluso a enviarle una carta al director de «El Socialista», Julián Zagazagoita, en el que se ofrecía como colaborador: «Esta carta no es ni de un oficial monárquico ni de un oficial señorito -decía-. Es simplemente la carta de un militar que, a pesar de serlo, siente inquietudes espirituales y tiene la esperanza de una Humanidad mejor, de una más justa y más científica organización social». Y después se ofrecía para escribir en el diario «con pseudónimo, por supuesto, o sin firma sobre asuntos de índole castrense y desde un punto vista determinadamente socialista». 

La represión de los mineros

Este arraigado socialismo, sin embargo, no le impidió acudir -por convicción militar, por querencia democrática o por obligación profesional- a las revueltas inciadas en Asturias, como ayudante del coronel jefe de su regimiento, para apoyar el avance de Ejército y combatir con determinación a los sublevados. Fue en la toma del municipio de Ronzón donde estuvo a punto de perder la vida al ser tiroteado por los mineros, muchos de ellos socialistas, en su afán por defender a la República, aun estando en ese momento bajo un gobierno de derechas.

El capitán Lafuente le denunció por su afiliación socialista y fue detenido

Esta misma lealtad republicana es la que le costaría la vida dos años después, cuando decidió regresar rápidamente a León desde el hoy desaparecido pueblo de San Pedro de Luna, donde pasaba las vacaciones con su hermana y su familia, nada más conocer las noticias de la sublevación militar. Una vez en el cuartel, su superior, el general Lafuente, le ordenó hacer de enlace con el gobernador civil, a la espera de noticias del Gobierno.

El capitán Lozano se mantuvo fiel a la Segunda República, al Gobierno de Azaña. Por ello, el general Lafuente, que aún hoy cuenta con una calle en León, decidió denunciarle por su afiliación socialista. Por ello fue detenido y encarcelado en la prisión de Puerta Castillo. Y después, trasladado al Hostal San Marcos, donde permaneció hasta su ejecución. Fue allí donde pudo escribir de puño y letra su testamento y recibir la visita de su mujer antes de morir. Y fue por ello por lo que primero su hijo y después su nieto, el presidente Zapatero, pudo leer aquel documento familiar que le cambió la vida para siempre. ¿Qué hubiera pasado si su abuelo Juan hubiera muerto dos años antes en la represión contra los sublevados del PSOE y UGT? ¿Sería también socialista... o presidente?

 

Complot de Garraf

El complot de Garraf fue un intento de regicidio del rey de España Alfonso XIII que fue ejecutado por independentistas catalanes en Barcelona en junio de 1925.

El 6 de mayo se anunció el viaje del rey Alfonso XIII a Cataluña. La organización clandestina La Bandera Negra, dependiente de Estat Català decidió que el monarca, que había aprobado la quiebra del orden constitucional y la instauración de la dictadura del general Primo de Rivera, el cual había reprimido al catalanismo y prohibido el uso de los símbolos catalanes, debía ser asesinado. La visita estaba prevista para el 26 de dicho mes y Bandera Negra planeo inicialmente hacer explotar una bomba al paso del tren real. A la reunión en la que se tomó esta decisión asistieron Miquel Badia, Marcel·lí Perelló, Jaume Julià, Francesc Ferrer, Emili Granier-Barrera, Ramon Xammar, Santiago Balius y Josep Garriga. A pesar de que fueron miembros de Estat Català los que organizaron la conspiración, la idea partió inicialmente de un grupo de militantes radicales, el Grup dels Set ("Grupo de los Siete") de la organización clandestina de Acció Catalana, la Societat d'Estudis Militars, del que formaban parte Enric Fontbernat, Abelard Tona, Miquel Ferrer, Antoni Arguelaguet, Ramon Saguers y Ramon Fabregat.

El plan inicial consistía en poner una bomba en un túnel cercano a la capital catalana. El único próximo a Barcelona era el túnel entre Garraf y Sitges. El día 23 tuvo lugar el primer intento de colocar la bomba, en el que participaron los ya citados Perelló, Julià, Ferrer y Garriga, junto con Jaume Compte y Deogràcies Civit. Sin embargo, el intento fue fallido, puesto que al llegar al lugar elegido se encontraron con que carecían de las herramientas adecuadas para levantar el balasto de la vía y poder colocar el artefacto explosivo, por lo que escondieron la bomba entre la vegetación situada junto a la vía para volver al día siguiente. El 24 el plan volvió a fallar, esta vez porque los conspiradores perdieron el tren en Barcelona y no pudieron llegar a Garraf, lo que originó una modificación del plan. La bomba se colocaría ahora en uno de los respiraderos del túnel, pero el nuevo plan volvería a modificarse de nuevo. Cuando el 25 los conspiradores se dirigieron a Garraf para colocar el artefacto explosivo, la masiva presencia de la Guardia Civil les impidió llevar a cabo sus designios por lo que el 26 decidieron atentar contra el monarca en Barcelona, cuando pasase por las Ramblas camino de la función de gala en el Liceo, el día 29. Los conspiradores creían que en la confusión que siguiera al asesinato del rey, los militares llevarían a cabo múltiples actos de violencia represiva contra la población barcelonesa, lo que produciría un efecto de reacción popular que permitiría a los escamots de Estat Català apoderarse de los edificios más significativos y proclamar la República Catalana.

Este nuevo intento resultó de nuevo un fracaso. Para la acción fue designado Jaume Julià, el cual no compareció a la hora prevista. Después se supo que el padre de Julià descubrió el asunto y le impidió participar (Julià tenía veinte años). En estas condiciones fue designado un sustituto, que según algunas fuentes fue Miquel Ferrer, del Grup dels Set, y según otros Jaume Miravitlles (escamot de Estat Català). En cualquier caso, el comando, armado con pistolas, que transportaba la bomba camuflada dentro un ramo de flores, no consiguió realizar la operación debido a la fuerte vigilancia policial.

Tras este nuevo fracaso, aún cabía la posibilidad de retomar el plan inicial y hacer estallar la bomba cuando el rey saliera de Barcelona y pasara de nuevo por el túnel de Garraf. Cuatro miembros de La Bandera Negra y dos integrantes del Grup dels Set acudieron el 6 de junio a Garraf para reconocer el terreno. Sin embargo, la presencia de un infiltrado en la conspiración, Joan Terrés, sobrenombre de Josep Talavera, hizo que la policía les estuviera esperando en la estación. Resultaron detenidos Jaume Compte, Miquel Badia, Deogràcies Civit, Emili Granier, Jaume Balius, Marcel·lí Perelló, Ramon Fabregat, Antoni Argelaguet, Jaume Julià, Josep Garriga, Francesc Ferrer, Pere Manén, Narcís Compte, Antoni Guillamet, Jaume Balius, Ramon Xamar, Josep Papasseit, Vicenç Colominas, Anton Macià, Jaume Macià, Jaume Pons, Lluís Tort, Jaume Pallàs, Josep Marfany, Josep M. Planas, Josep Folch, Raimon Peypoch y Mateu Sust.

Uno de los actos festivos por la liberación de Marcel·lí Perelló, el 1 de abril de 1930. El propio Perelló aparece en el centro de la fotografía, junto con su prometida Edelmira Valls.

La policía acusó a Estat Català de estar detrás del complot, y la dictadura comenzó la represión contra el catalanismo, arrestando a numerosos miembros no sólo de Estat Català, sino también de Acció Catalana y Unió Catalanista.

En julio del 1925 fueran llevados a juicio Jaume Compte, Marcel·lí Perelló, Jaume Julià, Miquel Badia, Deogràcies Civit, Francesc Ferrer, Josep Garriga, Emili Granier, Ramon Fabregat y Antoni Arguelaguet. Estos tres últimos fueron puestos en libertad bajo fianza y huyeron. El procedimiento judicial quedó en manos de militares, que fueron acusados de no respetar el procedimiento legal, de torturar a los detenidos y de irregularidades y contradicciones en el sumario. Finalmente, Jaume Compte fue acusado de ser el jefe del grupo y condenado a la pena de muerte mediante garrote vil, al igual que junto con Perelló, Julià y Garriga. Sus penas les fueron conmutadas por la de cadena perpetua. Badia, Civit y Ferrer fueron condenados a 12 años de prisión. Todos los encarcelados fueron amnistiados al terminar la dictadura de Primo de Rivera, en 1930.

Lluís Companys, “el pajarito”: ¿mártir o verdugo?

Autor: "Lo tocagaites del Bages".

(Traducción: "blog mites i mentides del nacionalisme català")

"El pajarito". Éste es la apodo  por el que se conoce a un personaje tenebroso y oscuro, que causó miles de asesinatos a causa a su cobardía y falta de coraje, y que tan sólo demostró un poco de valentía en el momento de su muerte. El personaje en cuestión no es otro que el actualmente venerado hasta el aburrimiento Lluís Companys i Jover, «El Pajarito» ( 1 ).

La biografía de Companys es extensa y compleja, y repasando su militancia política sorprende la falta de una línea ideológica clara, pasando de ser un abogado de anarquistas a ser miembro destacado del partido derechista de Melquíades Alvarez o abanderado de la izquierda más independentista. Actualmente la palabra que podría definir a este personaje sería la de «trepa», es decir, aquella persona que desprovista de ideología política lucha para conseguir llegar al máximo de sus ambiciones políticas sin ningún tipo de escrúpulo.

Lluís Companys i Jover nació en Tarrós (Lleida) el 1883, estudió derecho en Barcelona y de joven contactó con grupos lerrouxistas. Su falta de fe catalanista lo llevó a militar en el Partido Reformista de Melquíades Álvarez (político asturiano de extrema derecha que murió asesinado en la prisión Modelo de Madrid en 1936), su adscripción españolista y derechista duró unos años, de 1912 a 1915, lo suficiente para ver que no podía colmar sus desmesuradas ambiciones de poder y de gloria.

El 1917 pensó en crear su propio partido, el Partido Republicano Catalán, junto con Marcelino Domingo (futuro ministro español de Agricultura, Industria y Comercio y Francesc Layret ("el chico del azúcar", asesinado el 1920 en Barcelona por miembros del Sindicato Libre), y lo llevó a defender grupos de pistoleros anarquistas acusados de asesinatos. Durante estas fechas los militantes anarcosindicalistas conocen a su defensor por el apodo de "Pajarito" (por lo bien que "piaba" defendiendo las tropelías de aquellas pandillas de desarraigados). Su radicalización y la vehemencia con la que defendía a los criminales le llevó a su detención en 1920, siendo encarcelado en Mahón (en la prisión de la Mola) por provocador y por alentar el uso de la violencia.

Liberado poco después fundó la «Unión de Rabassaires», a partir de una idea del pagès Francesc Riera (alcalde de Martorell), y tuvo una destacada actuación con ocasión de la Ley de Contratos que motivó la radicalización campesina y el enfrentamiento con las clases acomodadas y derechistas de la burguesía catalana (lo que en la actualidad representaría Convergència). La agitación del campo fue muy intensa y los conflictos entre "rabassaires" y jornaleros, por un lado, y propietarios, por otra, condujo a Cataluña a una incensante espiral de tensión.

Companys se radicaliza cada vez más, y cambia su talante anarquista por una ideología mezcla de independentismo y de anarquismo-marxismo, alimentada por su afán de protagonismo. El 1930 entró a formar parte del Comité Revolucionario de Cataluña y participó en la fundación de Esquerra Republicana de Cataluña. A partir de este momento sus ambiciones se ven colmadas, y empieza una carrera política en aumento (concejal del Ayuntamiento de Barcelona en 1931, gobernador civil de Barcelona, diputado al Parlamento español y al catalán en 1932 y ministro de la Marina de España en 1933). Pero la culminación de sus sueños llega el año 1934, con la muerte del Presidente Macià. Es entonces cuando Companys es nombrado presidente de la Generalitat Republicana, con la oposición de los miembros de la Lliga (encabezados por Francesc Cambó), y protagonizará uno de los episodios más negros y oscuros de la vida de Cataluña: el 6 de Octubre.

El 28 de junio murió Joan Selvas, Consejero de Gobernación, y fue inmediatamente sustituido por el radicalizado Josep Dencàs (miembro de Estat Català, grupo integrado dentro del Esquerra Republicana). El dos de octubre el gobierno Samper, dimite y Lerroux es el encargado de formar nuevo gobierno. Entraron a su gobierno tres miembros de la CEDA -la derecha española-, y las izquierdas, no pudiéndolo soportar, convocan huelga general. Se en este contexto que Companys (3) arrastrado por su mesianismo y por los consejos de sus hombres de confianza más nacionalistas (Dencàs, principalmente) decretó a las ocho horas y diez minutos del 6 de Octubre el Estado Catalán dentro de la República Española (4).

Companys pretendía iniciar una revolución izquierdista con la ayuda de los miembros más radicalizados del nacionalismo catalán (Dencàs y sus pelotones, Compte y los miembros del CADCI, etc), que junto con un levantamiento en toda España (la revolución sólo triunfa a Asturias) (5), terminara con el gobierno derechista de Lerroux (6). Grupos nacionalistas organizaron concentraciones paramilitares («Nosaltres sols», «Partido Nacionalista Catalán», «Jóvenes de Estado Catalán», etc) en la plaza Universitat de Barcelona, para conseguir el apoyo de la juventud a la insurrección.

Los hechos del 6 de Octubre terminaron el día siguiente, cuando Companys se rindió al General Batet (7).Cuatro disparos, un militar y un par de nacionalistas muertos en el local del CADCI (Jaume Compte y González Alba) es el resultado de aquella alocada aventura de Companys (8). Los desesperados intentos que "El Pajarito" había hecho por radio para que los catalanes acudieran a apoyarlo, fracasaron. Se quedó sólo. Ni sus compañeros anarquistas acudieron a salvarlo. Fue detenido y condenado a treinta años de prisión. La aventura acabó cómicamente cuando Dencàs y otros miembros de Estat Català y ERC huyeron por el alcantarillado de la Generalitat en una aventura tragicómica que los llevó hasta Italia.

Pero el febrero de 1936 las izquierdas ganan las elecciones y Azaña formó el nuevo gobierno de la República y liberó a Companys, que vuelve a la Presidencia de la Generalitat. Los hechos se precipitaron en Cataluña, caen los primeros hombres de derechas asesinados (los hermanos Miquel y Josep Bahía el 28 de abril de 1936), se empiezan a quemar iglesias y las amenazas se vuelven realidad por todas partes y el levantamiento militar del 18 de julio hace despertar en Cataluña una revolución anarquista que ocasionó miles de muertos. El fracaso en Barcelona de la insurrección lleva a los miembros de las izquierdas a organizarse a través del "Comité de Defensa Confederal", dirigido por Durruti y García Oliver. Los amigos de Companys exigieron al Presidente el reparto de armas y éste no sólo no se opuso sino que lo alentó (treinta mil fusiles, ametralladoras y cartuchos fueron repartidos entre las masas). El resultado fue la locura, la muerte y la destrucción (9).

La aparición de comités de todo tipo, formados por miembros del Frente Popular (militantes de ERC, de la CNT y otros) los abocó a tomar el poder por la fuerza. El comisario de orden público, general Escofet, dimite de su cargo por que no se quiere hacer responsable del desorden y de las muertes. Companys reúne a sus consejeros y se alegra de la Revolución. Les ofrece el poder. El crimen y la anarquía son recompensados por el Presidente de la Generalitat, quien creó personamente el "Comité Central de Milicias Antifascistas", auténtico poder durante aquellos años.

En enero de 1939 se exilió en Francia, pero fue detenido por la Gestapo, entregado a las autoridades españolas y sometido a un consejo de guerra. Fue fusilado el 15 d ‘octubre de 1940 en el Castillo de Montjuic. Parece ser que fue el único momento de gallardía de su vida, cuando ante el pelotón de fusilamiento pidió descalzarse para tocar con sus pies desnudos la tierra catalana, que tanto le había hecho sufrir.

El general Franco alagó a Companys al darle la oportunidad de redimirse con su ejecución. Es  posible que si se le hubiera perdonado, en la actualidad Companys sólo sería un mal recuerdo para todos los catalanes.

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Notas:

(1).- Se pueden leer anécdotas de estos hechos al libro de J. M. Fontana ‘Los catalanes en la guerra de España', Ediciones Acervo.

(2).- Acerca de la participación de los catalanes en el gobierno de España desde el siglo XIX hasta la actualidad, se puede consultar el libro de Vidal y Folch ‘Los catalanes y el poder', Ediciones El País-Aguilar.

(3).- Companys manisfestó a sus colaboradores: «Ahora ya no dirán que no soy catalanista». Se recoge esta frase a muchos libros, como por ejemplo en "Los catalanes en la Guerra de España". Actualmente la historiografia nacionalista niega esta frase, pronunciada por un hombre que necesitaba fortalecer unas posiciones nacionalistas que hasta aquel momento eran dudosas.

(4).- «Catalans!, les forces monàrquiques i feixistes...». El texto íntegro de su discurso lo podéis encontrar en ‘Historia de Cataluña' de Pierre Vilar. Volumen I.

(5).- El chiste «Vale más huevos a la asturiana que gallina a la catalana» hace referencia a la bravura de los anarquistas asturianos en comparación con el miedo y la deserción que caracterizó el comportamiento de los nacionalistas catalanes.

(6).- Las causas del levantamiento de Companys, a pesar de ser muy oscuras, podríamos enmarcarlas dentro de la polémica desatada a partir de la Ley de Contratos de Cultivo. Esto comportó un enfrentamiento entre Companys contra la Liga y el gobierno Central.

(7).- « ...los desperfectos en los edificios fueron realizados mediante proyectiles que no podían explotar. Batet quiere evitar mártires y causar daños irreparables. A las seis de la mañana, Companys comunica a Batet que se quiere rendir». Pierre Vilar ,'De la revolución de septiembre a finales de la Guerra Civil'. Historia de Cataluña. Volumen VI.

(8).- «... la tibieza patriótica y sobre todo la intriga eligieron a Lluís Companys, abogado de la CNT, no excesivamente fervoroso en Catalanismo...», «Companys ponía en marcha la Generalitat en una aventura revolucionaria que tenía que suscitar la antipatía de toda Europa contra Cataluña...», «Aquella noche trágica del 6 al 7 de Octubre de 1934, Esquerra trajo la causa de Cataluña al terreno de la violencia, único en que podía y debía perder, comprometiéndose en una revuelta de tipo comunista...». Carles Cardó, ‘Las dos Tradiciones'. Historia Espiritual de les Espanyes.

(9).- «Hay entre nosotros tres instituciones violentamente odiables, y de las cuales el pueblo, año tras año, se sentía amargado, es decir: el clericalismo, el militarismo y el latifundismo. El movimiento del cual sois testigos es la explosión de una cólera inmensa, de una inmensa necesidad de venganza. Esta cólera explica el carácter impetuoso de este movimiento». Declaraciones de Lluís Companys el 1936 a la revista francesa ‘Vu en Espagne'». «El problema del Catolicismo en Cataluña no se planteará, porque todas las iglesias han sido destruidas...», declaraciones al periódico ‘L'Ouvre'», recogido en el libro ‘Mártires del Penedès', de Salvador Nonell.

Independencia de Catalunya y Unión Europea

"¿Está de acuerdo en que Cataluña sea un Estado independiente, integrado en la Unión Europea?"

Esta pregunta es un engaño, pues el votante cree de buena fe que, después de la hipotética independencia, los catalanes seguiremos disfrutando de las ventajas de pertenecer a la Unión Europea, cuando en realidad la cosa no está tan clara. Es más, va a ser que no.

Y es que antes de preguntarnos si queremos una Cataluña independiente dentro de la UE, deberíamos preguntarnos si eso es posible. La pregunta debería ser: ¿Una Cataluña independiente podrá seguir disfrutando de los beneficios de pertenecer a la UE?

Para responder que sí, las fundaciones independentistas consiguen levantar gran cantidad de dinero y presentar sesudos informes. Pero vamos, que de ilusión también se vive, y si la cosa estuviera tan clara no haría falta destinar tantos recursos ni parafernalia.

Después de muchas subvenciones, cafés, nicotina, y noches de insomnio, los nacionalistas han encontrado el encaje de bolillos, el conejo en la chistera, la justificación a tanta subvención. Y lo llaman "la ampliación interna". Si esto es lo único que pueden ofrecernos, mejor que devuelvan el dinero.

No nos dicen que una cosa es la independencia, y otra distinta la integración en la UE. Que no van juntas. Que para la segunda, se requiere una combinación de factores, que ni en el Bingo:

-         El reconocimiento como Estado por parte de todos y cada uno de los 27 estados miembros de la UE (basta que un Estado sensato diga que no, para que seamos independientes pero no estemos dentro de la UE),

-         El voto unánime del Consejo (27),

-         El voto favorable del Parlamento europeo,

-         La ratificación favorable por parte de los 27 parlamentos nacionales y, en algunos casos, referéndums a favor en países como Irlanda, Dinamarca, etc.

Basta que falte una sola de estas cosas, para que nos den butifarra! Nos quedaremos con un Estado nuevo muy bonito, igualito que Kosovo.

Para Mourinho con todo mi carinho

The Puppini Sisters - Mr Sandman

Tiran mas dos tetas que dos carretas

En honor a la Mahou, la mejor cerveza del mundo (para algunos)

En Ámsterdam se realiza la convención mundial de productores comerciales de cerveza, a la que asisten los presidentes de las más prestigiosas compañías cerveceras del mundo.
Concluida la convención, todos los presidentes se reúnen a festejar el éxito del evento, para lo cual se encuentran en la cafetería del hotel donde ha tenido lugar la celebración.
Una vez allí, no consiguen ponerse de acuerdo en qué pedir. Para romper el hielo, el presidente de Budweiser llama a la camarera más cercana y le dice:

-Una Budweiser, por favor. 
Llega el turno entonces del presidente de Heineken, quien dice:
-Para mí, una Heineken, si fuera tan amable.
A continuación, pide el presidente de Miller:
-Me gustaría tomar una Miller. 
Y el de Coronita:
-Tráigame una Coronita.
Y el de Guinness:
-¿Me pone una Guinness?
Y así siguieron todos los presidentes de las compañías, pidiendo la cerveza que ellos mismos producían.
El último en pedir fue el director de Mahou, quien dijo:
-Quisiera una Coca-Cola, por favor. 
Sorprendidos, los demás presidentes le preguntan el porqué de tan extraña decisión, a lo que responde:
-Si ustedes no van a tomar cerveza, yo tampoco...